lunes, 1 de marzo de 2010

Capitulo 2: El viaje (PhantomRider)


Mi padre era parte de la corte del rey, era un hombre poderoso y todos lo conocían.
Es por eso que consiguió a un buen hombre de familia para que cuidara de mí. O mejor dicho, que me escondiera.
Las guerras eran moneda corriente en esta época, y las mujeres jóvenes eran carne fresca para los necesitados soldados.
-¿Se encuentra bien, señorita Emily?-Preguntó Gustav, preocupado.
-Si, Schäfer, no se preocupe-Me restregué las lagrimas de mis ojos y mejillas, vi por la pequeña ventanilla hacia fuera. El amanecer estaba bloqueado con cientos de nubes que lo hacían de un color perla oscuro. El aire era frió y el viento silbaba ferozmente.

Por lo que mi padre había mencionado delante mío, el viaje, en teoría, duraría unos dos días, siempre y cuando la nieve no nos alcanzara. Este seria un viaje lo suficientemente angustioso y depresivo como para pensar en mi suicidio. Podría tirarme debajo de las ruedas del carromato. O simplemente quitarme la capa y esperar a que una pulmonía terminara conmigo. Por el momento, simplemente mantendría la cordura…Mas adelante quizás la pierda. No creo que la extrañe.



~


Después de ver siempre el mismo color verde de los campos por dos días seguidos, por fin hoy conocería a mi nueva “familia”.
Comencé a divisar pequeñas casitas perdidas al costado del camino irregular y rocoso. Sin previo aviso, el tambaleante vehiculo giro y nos comenzamos a internar dentro de un campo, atravesamos una cerca blanca y seguida de esta el camino se encontraba prolijamente decorado con vayas blancas. Andamos varias metros (quizás cien) hasta que pude ver mi destino.
Allí, en el corazón del campo protegida por gruesos árboles verdes como las esmeraldas, había una gran casa blanca con un hall extenso y decorado con grandes maletones blancos llenos de flores silvestres.
-Hemos llegado, señorita Emily-Anuncio formalmente Gustav y el carruaje se detuvo enfrente a las grandes escaleras que llevaban a la puerta principal.La puertezuela del carro se abrió e instantáneamente, la puerta de la casa también.

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