jueves, 6 de enero de 2011

Capitulo 10: A eso se lo llama destino (PhantomRider)

Aunque mi cuerpo se estaba entumecido, yo seguía afuera llorando.
-Emily-Helen estaba parada detrás de mi-Cariño, se te caerán los dedos si sigues aquí-Me tapó con una manta.
-Está bien -Seguí con la mirada clavada en el piso.
-No, no está bien -Se sentó a mi lado- Estás helada-Agarró mis congeladas manos.
-Estoy bien-Volví a repetir.
-Emily-Suspiró frustrada-¿Me dejas contarte algo?-Asentí- Gracias -Frotó mis manos para darme calor-A nosotras, las mujeres,-Comenzó-Desde que llegamos al mundo estamos condenadas a vivir bajo el control de los hombres-Hizo una pausa- Tú lo sabías, ¿verdad?-Preguntó.
-Si-Susurré.
-Bueno -Tomo aire, ahora miraba la luna con aire soñador- Pero ¿sabes?-Hizo otra pausa y giró la cabeza hacía mí otra vez- Si una cambia su punto de vista, pude verlo como un trabajo al que estamos destinadas, servir a los hombres -Hizo una pausa, no me había gustado la forma en la que dijo eso -Y sólo nosotras podríamos hacerlo, porque sin nosotras, la vida de un hombre estaría vacía…-Levanté la mirada para observarla.
-No entiendo-Negué algo mareada, ¿A dónde quería llegar?-¿Un trabajo?
-Bueno-Torció la boca -Si quieres llámalo pasatiempo -¿Me estaba diciendo que tomara como un pasatiempo el ser gobernada por un hombre?- Pero ese no es el punto -Agregó rápidamente -El punto es que, es nuestro destino… y Bill es un muchacho bastante guapo -Soltó una risilla.
¿De qué servía que fuese guapo si me maltrataría?
-Pero… No lo conozco –La mire preocupada- Y él tampoco a mí -Me estremecí- No sabemos nada el uno del otro.
-No, aún -Acarició mi mejilla- Pero tiene toda una vida para hacerlo.
-¿Y que pasa si él y yo no nos gustamos?-Alcé mis ojos, desafiándola.
-Emily -Su voz perdió toda la dulzura- Todos los matrimonios son arreglos entre padres -Me miró algo enojada, tenía razón. Todos -Nuestra vida misma esta arreglada desde que uno nace, ese es el destino y tú no puedes hacer nada para cambiarlo -Se paró bruscamente- Te estamos esperando para tomar el té. -Entro en la casa sin decir nada más. Si aprendía a asustar la mitad de bien que ella, no tendría nada que temerle a mi futuro marido.
Miré a los pobres caballos atados a los carruajes. Suspirando me puse torpemente de pie. Con las piernas duras como garrotes, logré llegar hasta la puerta principal y entré.
Bill estaba parado en el medio del Hall con la mirada inquieta y sus manos metidas en los bolsillos de su saco.

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